Diferencia entre un objeto conectado y un dispositivo IoT

IoT se define, fundamentalmente, como una red de objetos conectados a internet. No existe definición más básica y elemental de este concepto. Y, por obvio que parezca, existen dos elementos que son esenciales para que podamos hablar de Internet of Things.

Por una parte, la conexión a internet de estos objetos se torna como fundamental. De otra manera, estaríamos hablando de objetos interconectados dentro de una misma red local, como la que encontraríamos en una fábrica, un concepto nada novedoso y algo que, por ejemplo, los sistemas M2M, o Machine to Machine, ya hacen desde hace años. Por otra, un sistema IoT se configura con un propósito que va más allá de la simple comunicación entre hardware. IoT recoge datos; de hecho, IoT recoge muchos datos y los obtiene de muchos dispositivos a la vez. Una red IoT debe ser amplia y multipunto por definición ya que, de esa manera, y gracias a la sensorización de dicha red, se obtendrán data sets lo suficientemente completos como para poder obtener información de valor. A partir de ahí, entrarían en juego otras tecnologías asociadas, como la Inteligencia Artificial o los algoritmos de Machine Learning y Deep Learning, que posibilitan la obtención de valor a partir de los datos recopilados.

Así, a través de distintas capas, pasamos de elementos físicos, como el propio hardware o los sensores y dispositivos de comunicación, a un producto inteligente cuya característica principal no es tanto la recolección de información y datos, sino su capacidad de analizar y procesar dichos datos para la posterior toma de decisiones en tiempo real.

Pero conviene realizar una diferenciación entre lo que entendemos por Internet de las Cosas y lo que es un dispositivo conectado.

Generalmente, en muchos de los proyectos IoT que suelen ponerse en marcha, buena parte de los dispositivos o elementos hardware que se utilizan no están originariamente conectados a internet. Un camión frigorífico que forme parte de una cadena de frío cuenta con una serie de sensores de temperatura o humedad, pero hasta hace no demasiado tiempo, la información que eran capaces de obtener no se transmitía en tiempo real. Se generaba en un único punto, moría en él y dependía de la intervención humana para que ese dato fuese leído e interpretado. Hoy, los camiones frigoríficos siguen generando esa información, pero, gracias a Internet de las Cosas, están conectados a una red mediante la cual los datos pueden ser transmitidos. Este es un caso de uso típico de Internet de las Cosas, que añade nuevas funcionalidades y dota de una nueva capa de inteligencia a un elementos que previamente se mantenía desconectado. Pero ese dispositivo, sin internet, sigue siendo funcional, sigue cumpliendo el cometido para el que fue diseñado en su origen. Y este matiz es esencial, puesto que es la principal diferencia con respecto a un producto conectado.

Hablamos de producto conectado cuando éste, para cumplir su propósito, depende de una conexión a internet. Un buen ejemplo de esto son los diferentes asistentes personales y de hogar como Alexa o Google Home, que fueron ideados y diseñados para estar permanentemente conectados a internet. Si no hay conexión, no hay producto.

El Smartphone, el producto IoT por excelencia

Es habitual que, al hablar de proyectos IoT, se mencionen una gran cantidad de dispositivos y sensores específicos que se utilizan para conectar los objetos a internet y que pueden tener funcionalidades y características muy diversas. Es cierto que la informática de bajo coste ha impulsado la aparición y uso masivo de esta clase de hardware. Sin embargo, se suele pasar por alto u obviar, uno de los dispositivo más relevantes y que más han cambiado el mundo en la última década: el smartphone.

Considerado dentro de este ámbito como el principal habilitador del Internet de las Personas, el smartphone es el dispositivo que dota de “contexto” a la gente, gracias fundamentalmente a la incorporación de sensores y elementos electrónicos que son capaces de medir multitud de variables: desde la ubicación en tiempo real, hasta la medición de elementos relacionados con la salud como la frecuencia cardíaca o la temperatura. No se trata de una sensórica novedosa, puesto que lleva años en funcionamiento y se ha logrado aplicar con éxito en multitud de ámbitos, desde el industrial hasta el automovilístico, por mencionar un par de ejemplos. No obstante, el smartphone ha normalizado el uso de sensores para conectar a las personas y para generar una importante cantidad de datos, tal y como hace cualquier entorno IoT. Y, gracias a que un elevadísimo porcentaje de la población tiene uno (o varios), es posible aprovechar este tipo de sensorización masiva para aplicarlo en campos muy diversos, desde eHealth hasta market research.

Además, uno de los aspectos clave en cualquier proyecto IoT, es el uso del smartphone como método para abaratar costes. A la hora de implementar el proyecto, y en función de su enfoque, es fácil poder llegar a contar con la presencia y uso masivo de estos dispositivos, que incorporan sensores y módulos de comunicación, de modo que sea más sencillo ahorrar en la fase correspondiente al diseño, fabricación o compra de dispositivos IoT externos. El smartphone se posiciona, de esta manera, como una de las principales gateways o puertas de enlace entre el servicio ofrecido y sus clientes, permitiendo ahorrar costes en sensorización y comunicaciones.

IoT, la cuarta revolución industrial y la tercera ola del desarrollo de Internet

IoT es una tecnología transformadora que ya se encuentra entre nosotros y que no deja de evolucionar. Su potencial es indiscutible. Desde el punto de vista del consumo, ya ha cambiado nuestra forma de comprar y adquirir servicios y productos. Sin mbargo, es desde una perspectiva industrial y empresarial donde hemos contemplado los mayores avances. IIoT (Industrial IoT) ha logrado impulsar nuevos procesos y modelos de negocio, logística y fabricación.

De hecho, todo el concepto de Industria 4.0 pivota en buena medida sobre Internet de las Cosas. Aspectos como las mejoras en el mantenimiento predictivo o la anticipación al comportamiento o al mal funcionamiento de las máquinas de los entornos de producción y fabricación, se han desmarcado como algunos de los avances más significativos de los últimos años, mejorando los niveles de producción y optimización y permitiendo a las empresas alcanzar hitos que hasta hace no mucho eran casi inimaginables.

Por otra parte, a un nivel más cercado al usuario común, se estima que, este mismo año, el 75% de los dispositivos conectados que se fabriquen serán cosas (omitiendo de este grupo los ordenadores, smartphones o tablets) y que, en 2025, tendremos aproximadamente 500 objetos conectados en nuestros hogares. Aunque las cifras puedan parecer muy elevadas, hay que tener en cuenta que se incluyen tanto los objetos conectados como los dispositivos IoT.

Los primeros, dependientes de Internet, como los ya mencionados asistentes de hogar, o los dispositivos que requieran la interconexión con smartphones. Los segundos, con funcionalidades básicas que quizás no dependan de una conexión a internet (una nevera inteligente deberá seguir enfriando pese a no contar con conexión), pero que serán capaces de ofrecer funcionalidades y servicios adicionales gracias a ella.

Algunos problemas que se ya están solucionando

Todos estos dispositivos conectados e inteligentes generan datos, y una de las principales problemáticas a las que se enfrenta Internet de las Cosas a la hora de ser implementado, es el uso que se hace de dichos datos y las repercusiones en cuanto a seguridad y privacidad que se generan. Cuando se quiere acometer un proyecto IoT, la ciberseguridad es uno de los factores que más complicaciones representan y que más encarecen el presupuesto, pero la adopción de las medidas adecuadas se torna como algo fundamental para garantizar su éxito.

Afortunadamente, es un ámbito que no se está descuidando, y las empresas con proyectos IoT entre manos son conscientes de que es un aspecto imposible de obviar. De hecho, el experto en ciberseguridad es uno de los perfiles profesionales más demandados de la actualidad.

Por otra parte, y respecto a la inversión necesaria, cuanto más complejo y grande sea el proyecto, mayor gasto supondrá. Es necesario tener en mente que los grandes proyectos IoT precisan de, literalmente, millones de dispositivos y sensores, por lo que, por mucho que haya avanzado la electrónica y la informática de bajo coste, el gasto será considerable y solo asumible en unos casos muy concretos.

Sin embargo, este problema se ha visto paliado en buena parte durante los últimos años debido a diferentes factores, pero sobre todo motivado por el auge de esta tecnología y la demanda, cada vez mayor, del hardware diseñado y fabricado específicamente para IoT. La reducción de costes ha sido considerable y, lo que es más importante aún, ha afectado a los tres pilares sobre los que se apoya Internet de las Cosas:

  • El coste de los sensores se ha reducido a la mitad.
  • El coste en la implementación y el uso del ancho de banda y las infraestructuras de telecomunicaciones ha disminuido casi un 50%.
  • El coste del procesamiento, obedeciendo a la ley de Moore, también ha caído

Los sectores en los que más influye IoT

En 2025, IoT podría llegar a generar un impacto de 11,1 trillones de dólares. Lo cierto es que, en cuanto a popularidad, el sector Smart Home es el más notorio y reconocible por el público general cuando nos referimos a proyectos IoT ua que sus aplicaciones son muy concretas y afectan al día a día de las personas. Además, es un sector muy apoyado por startups con ideas novedosas y disruptivas, y el smartphone, como principal Gateway, facilita mucho su adopción y uso. Los dispositivos wareables gozan también de mucha popularidad y el concepto de Smart City, aunque todavía se percibe como lejano, es muy atrayente.

No obstante, en cuanto a cifras de inversión, IoT Industrial sigue destacando respecto al resto y, desde luego, queda muy por encima de la domótica o los dispositivos wareables. La mejora de los procesos industriales, el mantenimiento predictivo, la optimización del inventario y las mejoras en seguridad laboral, sitúan al sector como el que más gasto está realizando en Internet de las Cosas. Y eso, pese a que por requerimientos también es el más complejo. Implantar un proyecto IoT en el sector industrial precisa de una serie de garantías en cuanto a seguridad, conectividad, latencia y robustez de los sistemas.

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